El pasado martes, el Presidente en funciones, Pedro Sánchez, se reunió en secreto con una veintena de dirigentes de Wall Street, entre los que se encontraban Alex Soros, hijo del conocido magnate George Soros, y Kenneth Caplan, el jefe del fondo buitre Balckstone (siendo éste el mayor casero de los españoles).

En esta reunión, el actual Presidente, el que desde la Oposición se dedicó a decir que no habría más desahucios en España si llegaba al gobierno, fue preguntado por el señor Caplan si tenía intención de preservar la seguridad jurídica dentro del sector inmobiliario, a lo que Sánchez respondió garantizándosela como base de su política económica.

Para calmar a sus amos, Pedro Sánchez también les afirmó que, tras las elecciones del 10N, su política fiscal será “bussines-friendly”, cuidando de no espantar la inversión.

Respecto a la derogación de la reforma laboral, otro de sus antiguos lemas en la Oposición (algo que meses atrás ya se descartó con las palabras “no es productiva”, por parte de la ministra de Economía, Nadia Calviño), Sánchez aseguró a los dirigentes de Wall Street que no pretendía quitar flexibilidad a las relaciones laborales, sino promover un nuevo y moderno estatuto de los trabajadores, que pacten tanto patronal como sindicatos: esos mismos sindicatos amarillos que venden a los trabajadores, los de las tarjetas black, los Eres de Andalucía…

Aquí está la verdadera cara de Pedro Sánchez, dirigente del mayor partido de pseudo-izquierda de nuestro país, que tras engañar a sus votantes con la derogación de la reforma laboral, el fin de los desahucios, derogación de la ley mordaza y otras tantas promesas, pretende vendernos ahora cortinas de humo, como sucede con sus “políticas de igualdad” o la exhumación de Franco del Valle de los Caídos; todo ello, dejando de lado los problemas reales de los trabajadores en España.

Esta reunión a puerta cerrada en Wall Street, deja bien claro al servicio de quién está.

Por Jorge Jiménez.