Los combustibles fósiles son una gran fuente de ingresos para los monopolios que controlan el mercado energético, siéndoles mucho más beneficiosos que las energías renovables.

Ante la innegable crisis medioambiental en la que nos encontramos, las grandes petroleras han tratado de realizar lavados de cara con programas de responsabilidad social corporativa o con proyectos innovadores en energías renovables, como por ejemplo, el programa que realizaron las grandes firmas para “combatir” el cambio climático “Climate Action 100+”.

Estos programas no son más que una farsa de cara a la opinión pública, y prueba de ello es que las cinco grandes petroleras que dominan el mercado energético (BP, Shell, Exxon Mobil, Chevron y Total), solamente en 2018 destinaron 200 millones de dólares en retrasar, controlar o bloquear cualquier iniciativa diseñada a combatir el cambio climático, y desde los Acuerdos de París de 2015 se has gastado más de 1000 millones de dólares para bloquear cualquier medida contra el cambio climático, a la vez que se hacían un lavado de cara con campañas a favor de las energías limpias.

El negocio del petróleo creó unos beneficios inmensos que se quedan tan solo unos pocos empresarios, a costa de la explotación de los trabajadores y sin ninguna preocupación de los daños al medioambiente, siendo estos grandes empresarios capaces de bloquear medidas que desarrollen energías renovables, demostrando así, una vez más, que son los monopolios quienes tienen el poder.