Diversos cargos de Podemos han empezado a criticar las donaciones del multimillonario Amancio Ortega a diversos hospitales españoles. El señor Ortega, que lleva donando grandes cantidades a hospitales puntuales desde hace ya unos años, quizá con el propósito de limpiar su mala imagen después de los múltiples escándalos por la explotación infantil de su multinacional Inditex y su evasión de impuestos, ha visto criticadas sus “donaciones” por parte de la formación morada.

Políticos de dicha formación, como Isabel Serra, Pablo Iglesias y ahora Juanma del Olmo, no han tardado en pronunciarse diametralmente en contra de estas donaciones, asegurando que  “No se puede consentir que la salud de nuestros padres e hijos dependa de las limosnas de un millonario”.

Sin embargo, esta clase de afirmaciones levantan una cuestión de vital importancia: la solución de Podemos frente a este problema endémico que asola la salud de la ciudadanía. En el apartado sobre la salud de su programa político nos encontramos un sinfín de puntos tan dudosos como “Poner freno a la mercantilización de la sanidad” o “Despenalizar el cannabis y legalizar su uso con fines medicinales”, puntos cuya explicación detallada ofrece todo menos detalles en cuanto a su aplicación o cómo van a mejorar la situación de la clase trabajadora, que será la que sufra las consecuencias de este tipo de políticas reformistas.

Para detener la mercantilización de la sanidad apuestan, curiosamente, por las mismas políticas de las que han ido retractándose a lo largo de todos los años de vida de la formación política, por ejemplo la nacionalización de las eléctricas, medida que ahora cambian por puntos programáticos tan ambiguos y poco tranquilizadores como “una factura de la luz más justa”. En cuanto a la legalización del cannabis no hay mucho que decir; el mero hecho de que se considere algo fundamental en sanidad la despenalización de una droga que destruye a nuestra juventud en cada rincón del país es un insulto para cualquier programa político en una situación como la actual.

Parece ser que la simpatía de Podemos con las reformas que permitan a los grandes propietarios seguir carcomiendo los derechos de la ciudadanía no tiene fin, pero se adaptan rápidamente al discurso y critican las limosnas del señor Ortega para tratar de preservar su máscara “progresista”.