Fuente: yahoo finanzas

Tras las últimas declaraciones de Pablo Casado, quien afirmó que la acogida del buque Aquarius era la causante de un supuesto “efecto llamada” que resultaría en un incremento de la llegada de inmigrantes a la península, se ha desatado todo un debate acerca del futuro de las políticas de inmigración que se llevarán a cabo a partir de este momento.

Tanto la postura del Partido Popular, que niega abiertamente la acogida, alegando que “no hay papeles para todos”, como los eslóganes vacíos propuestos por el PSOE han fallado estrepitosamente en su intento de solucionar una situación tan compleja.
De acuerdo con el Gobierno, el hecho que ha provocado el aumento del número de inmigrantes hallados en las costas del país desde el año 2013 no es este efecto llamada del que habla Casado, sino un fallo en las previsiones de los últimos años.

Con estas declaraciones, se busca subrayar el carácter “humanitario” de la voluntad del PSOE, obviando el hecho de que gran parte de los migrantes “acogidos” acabarán en centros de internamiento bajo condiciones infrahumanas. De hecho, las reformas que el Gobierno del PSOE ha puesto en marcha en el último mes y medio pueden resumirse en la habilitación de un nuevo Centro de Acogida Temporal de Extranjeros –CATE-, que no es más que un eufemismo para referirse a los antiguos CIEs, es decir, Centros de Internamiento de Extranjeros.

Denunciados hasta la saciedad por diversos organismos internacionales, como por propios reclusos que consiguieron fugarse y denunciaron las condiciones infrahumanas de salubridad y de trato con los funcionarios.

Como vemos, lo único que se ha modificado han sido las siglas utilizadas para referirse a estas instituciones de reclusión. La construcción de este nuevo CATE ha supuesto una inversión de 3,5 millones de euros, y entrará en funcionamiento la próxima semana para comenzar a “acoger” a inmigrantes.

De poco sirve abogar por la acción humanitaria y la necesidad de asistir a aquellas personas que llegan en situaciones de extrema necesidad si las políticas de acogida consisten en el internamiento indiscriminado e injusto de todo aquel que llega al país de forma irregular, que está lejos tanto de detener la huida de estas personas de sus países como de integrarse en la sociedad a la que llegan.

Por otra parte, se está hablando de acordar una serie de reformas y acciones conjuntas en el ámbito europeo orientadas a solucionar la problemática. Sin embargo, lo único que están haciendo las instituciones europeas en la actualidad es usar a otros países extracomunitarios, como es el caso de Marruecos, como “filtro” que aplica las medidas que ellos no están dispuestos a poner en práctica por miedo a manchar su imagen de abanderados de los Derechos Humanos.

En definitiva, estamos asistiendo a ver cómo los gobiernos de la Unión Europea continúan con su labor humanitaria basada en “delegar” la acogida y el trabajo sucio a otros países, para ver como la sangre se derrama fuera de nuestras fronteras, para mantener la “intachable” imagen progresista de la Unión Europea.

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