Tras el auge de la ultraderecha, evidenciado el pasado domingo en el acto de Vox que reunió a 9000 personas, el PP ha agudizado su giro hacia la derecha más rancia de los últimos años.
La formación azul, liderada por Pablo Casado, respira después de que la juez Carmen Rodríguez-Medel haya archivado el caso sobre los estudios del Presidente del PP, y de que el Tribunal Supremo haya rechazado investigarlo por su máster. Pero, a pesar de este alivio, el Partido Popular reconoce que ve peligrar sus votos en las próximas elecciones, a causa del viraje cada vez más conservador de Ciudadanos y de los discursos xenófobos y nacionalistas de VOX, con lo que ambos conseguirían arrancarles votos.
En las últimas intervenciones de Casado hemos podido apreciar cómo su política arremete cada vez más hacia el sentimiento nacional, el libre mercado más salvaje, la importancia de los órganos de seguridad y defensa y el modelo tradicional de familia entre otros. Además, no cesan los guiños del PP hacia la Iglesia, la monarquía, asociaciones de víctimas de ETA y una infinitud más de organizaciones que tienen un mensaje retrógrado.
Se evidencia cómo está creciendo el movimiento de ultraderecha, algo que llevamos viendo desde hace meses no solo en España, sino en el resto de países de Europa, como hemos podido ver en Francia, Alemania y Dinamarca, entre otros, y ante lo cual los partidos “de izquierdas” son incapaces de plantear una alternativa para frenarlo.