El precio de la vivienda sigue subiendo sin parar. Se estima que en 2018 subió un 7,8% en Barcelona y un 9% en Madrid. Esto denota que los gobiernos del “cambio”, tanto de Manuela Carmena como de Ada Colau, no hacen más que poner limitaciones totalmente insuficientes y propagandísticas a los fondos buitre.

El pasado sábado en Barcelona se realizó una manifestación en defensa de un precio justo para la vivienda con el mensaje de ‘Pinchar la burbuja inmobiliaria’ que se ha creado debido a la especulación. A esta manifestación acudió la alcaldesa Ada Colau para vanagloriarse de que con ella ha habido un cambio en el ámbito de vivienda en Barcelona. Cambio que, vista la situación, ha resultado absolutamente insuficiente, pues casos como el de la semana pasada, donde una familia con una hija de nueve meses fue sacada de su casa por los antidisturbios, se producen cada semana en los barrios trabajadores barceloneses, afectados duramente por la especulación, el ’’pelotazo’’ del ladrillo y la fuerte presión de las inmobiliarias para favorecer el aumento del turismo salvaje.

Una realidad constante en España, sobre todo en las zonas turísticas, es la del encarecimiento del precio de la vivienda. Debido a la gentrificación que existe en las grandes ciudades, los propios trabajadores que llevan décadas en la ciudad se ven echados de sus casas hacia la periferia. Y es que los desahucios son el pan de cada día para las familias trabajadoras, y especialmente en Madrid ha habido una gran incoherencia entre lo que se predicó en campaña y lo que finalmente ha hecho el Ayuntamiento.

Estas subidas ingentes del precio de vivienda se convierten en algo imposible de pagar para las familias trabajadoras. La única alternativa que tienen es, una vez llega el documento del lanzamiento, acudir a los grupos que se organizan para parar los desahucios. Se refleja así que la solución desde las instituciones no es más que un parche y una pantomima electoral.