prostitución menores acogida
Fuente: Canarias7.es

 

El pasado mes de octubre de 2017 las educadoras de un centro de acogida denunciaron ante la Guardia Civil las sospechas de que una persona del mismo centro engañaba e inducía a varias menores para que tuvieran relaciones sexuales con terceros a cambio de dinero o drogas. Ese fue el comienzo de una operación bautizada como Operación Aznia, que finalizó el día 16 de junio de este año.

Tras la denuncia, se obtuvo la identificación de cuatro menores de edad de entre 15 y 17 años, víctimas de los detenidos, los cuales se aprovechaban de su vulnerabilidad. La operación descubrió una trama en la que una mujer de 35 años buscaba y ponía en contacto a las menores con un hombre de 61 años para que tuvieran relaciones sexuales con él, recibiendo la detenida dinero y drogas como recompensa, la cual luego repartía unos porcentajes miserables entre las menores.

«Hay una demanda de carne cada vez más joven», resumió hace un tiempo con crudeza Rocío Nieto, presidenta de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer Prostituida (Apramp). «Los hombres que acuden a los servicios de prostitutas buscan cada vez mujeres más jóvenes, cuerpos más infantilizados», dijo durante unas declaraciones que revuelven el estómago a cualquiera.

La prostitución infantil – y la adulta también – no deja de crecer en nuestro país, especialmente entre inmigrantes y población sin recursos, estas últimas semanas se ha podido hacer más pública la situación con las trabajadoras de la fresa en Huelva, pero es tan solo un ejemplo mediático, contra el resto de miles de casos que son silenciados.

Las cifras no son exactas, ni de los afectados ni de los implicados, como se reconoce desde los organismos públicos, incapaces de poner freno a una práctica que se ha convertido ya en habitual. ¿Seguiremos esperando los parches de un gobierno más preocupado del marketing mediático que de resolver los problemas? El día a día de miles de jóvenes no espera, y noticias como esta irán saliendo a la luz continuamente, pero la pregunta que hay que lanzar aquí es ¿cuánta gente hay, dentro de los que tienen la “capacidad de actuar” para resolver la situación, interesados en que esto siga pasando?

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