El miércoles 12 de junio la Policía hongkonesa cargó contra los manifestantes en la protesta de miles de personas, la mayoría jóvenes, que rodearon el legislativo autónomo de la ciudad para impedir la tramitación del proyecto de ley de extradición.

La jornada empezó de manera “pacífica” después de que la multitud esperara toda la noche del día anterior para rodear el Parlamento. El número de personas fue aumentando hasta que llegaron a cortar las principales avenidas de la ciudad y con ello la organización, creando puntos de avituallamiento de alimentos o gafas de buceo contra el gas pimienta.

A las tres de la tarde comenzó el conflicto con los cuerpos de seguridad. Aunque la Policía avisó de que usarían la fuerza, los manifestantes comenzaron a intentar forzar la entrada al Parlamento y después de que durante toda la jornada los agentes llamaran a despejar la zona, la policía cargó. En dos horas, la zona en torno al Parlamento quedó vacía y a medianoche solo quedaban unas últimas barricadas.

Con el final de los acontecimientos afirman que el proyecto de ley peligra el principio de “un país, dos sistemas”, que otorga al territorio autónomo derechos y libertades desconocidos en China, y opinan que si continúa el proceso de absorción, la identidad hongkonesa se acabará perdiendo.

Las protestas han sido muy parecidas a las sentadas del Movimiento de los Paraguas que hace cinco años también tomó el centro de Hong Kong para exigir más democracia. Los aprendizajes de aquella experiencia se reflejaban en esta última, ya que la organización y la comunicación mejoró bastante entre los manifestantes.