Pedro Sánchez ha anunciado que se celebrarán nuevas elecciones generales para el 28 de abril. Esto se debe a que Sánchez ha visto diezmadas sus fuerzas frente al tripartito derechista que no para de ganar apoyos. Además, el fracaso de la propuesta de los presupuestos generales ha servido de catalizador para esta nueva convocatoria de elecciones.

Nos encontramos en un momento tenso: mientras la derecha más reaccionaria con VOX a la cabeza no para de aumentar, la izquierda parlamentarista pierde apoyos y, principalmente, el apoyo de los trabajadores. Unos trabajadores descontentos con la política que realiza la “izquierda”, lo cual se basa en decir que subirán las pensiones y que habrá menos paro, cuando su política lleva años demostrando lo contrario.

Este descontento de la clase trabajadora hace que pasen a apoyar a la derecha más rancia, la cual les vende un discurso antiinmigración y demagógico, que cala fácilmente entre gente que sufre unas condiciones de trabajo pésimas o las miserables pensiones mínimas.

Todas esas migajas, también llamadas reformas, que ha realizado la izquierda en los últimos años han quedado en falsas promesas para la clase trabajadora y mientras se quejan de que grupos ultraderechistas, como VOX, ganan apoyos, sobre todo en barrios obreros. Está demostrándose que la política que necesitan los trabajadores se hace en la calle y no en el parlamento.

Así pues, las elecciones del 28 de abril no es más que un fenómeno que denota el descontento con la izquierda en este país y el fracaso que han supuesto sus políticas reformistas.