Dos perros distintos collares
Fuente: libertad digital

En las últimas semanas hemos podido presenciar una nueva pieza del teatro electoral de la obra de teatro a la que llevamos asistiendo los últimos años “la regeneración de los partidos políticos españoles”, esta vez de la mano de los partidos tradicionales, el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español.

Con la subida de popularidad de Ciudadanos y el aumento de intención de votos que en los últimos meses daba al partido reaccionario como primera fuerza política, el PP se ha visto en la obligación de hacer la farsa de una regeneración política. Hemos podido presenciar la “lucha intestina” que ha habido entre sus candidatos, una lucha más que manipulada, para que saliese quien querían que saliese, un hombre joven, Pablo Casado, una imagen  que estuviese lo más posible  desvinculada de la antigua dirección de este partido, a la que resultaba imposible quitarle la etiqueta de gobierno más corrupto de la democracia española y que pudiese luchar por el espectro político de la derecha con el nuevo hombre de moda, el Sr. Rivera. Sin embargo, a pesar de todos los intentos para mostrar una regeneración del partido, el PP no ha sido capaz de presentar un candidato, una imagen a la altura del partido tradicionalista que representa. ¿Cuál ha sido el resultado de esta regeneración? La respuesta es más que clara, la marca blanca del Sr. Rivera. Si Rivera prometía y representaba políticas más liberales, reaccionarias y chovinistas que el Partido Popular en los últimos años, este ha contraatacado con la misma moneda, con un personaje político que en su programa político defiende medidas todavía más reacciones, más liberales y más chovinistas. Parece ser que el juego de la derecha va de quien consigue dar la imagen de más radical y más reaccionario, juego que no es solo en nuestro ámbito estatal, sino que cubre a toda Europa, ya sea a través de los partidos tradicionales o del surgimiento de nuevos partidos. Solamente hay que ver lo que está ocurriendo en nuestros países vecinos como Francia e Italia.

Pero la ineptitud del PP, es solo un reflejo un copia y pega mal hecho de su homólogo de izquierda, el PSOE. En el último año, hemos visto el espectáculo grotesco que ha dado el partido socialista, la lucha por imponer al candidato “de las bases”, al actor impopular, que posiblemente sea el Presidente de España con menos carisma de la democracia, y que hemos podido presenciar cómo ha ascendido al poder, como ha sido investido como presidente de gobierno por un golpe de suerte.

La condena al Partido Popular por la trama Gürtel, se utilizó por aquellos que realmente dirigen y gobiernan nuestro país, como el momento preciso para cambiar el collar al perro con el fin de reactivar la ilusión democrática dentro de la población. Así lo intentaron mostrar sus grandes serviles medios de comunicación.

Sin embargo, el intento fue inútil, y la opinión pública se mostró más que apática e indiferente ante el suceso, el cual ya habían denunciado mediante manifestaciones durante más de 4 años, y a lo que la confirmación de la sentencia no iba a cambiar su opinión sobre lo sucedido. Por ello, no resulta extraño, que el cambio de gobierno a raíz de la sentencia pillase a la población desprevenida. ¿Cómo podía ser que después de todos los hechos de corrupción más que evidentes, de todas las medidas que han realizado bajo su gobierno que hundían en la miseria cada vez más a la población de nuestro país, fuese una simple sentencia el motivo por el cual el resto de partidos políticos se pusiesen de acuerdo para hacer una moción de censura al gobierno que parecía intumbable?

Esta vez el teatro electoral no fue creíble y el resultado de ello, el Gobierno de Sánchez tampoco. Ese será el motivo de su paso sin pena ni gloria por el escenario principal de la política española, por más que intenten ahora cambiarle el “look” presentándolo como un gobierno con medidas progresistas, como el gobierno de la “revolución mental”, como el gobierno que volverá a construir el estado del bienestar.

No podemos olvidarnos, a pesar del inconmensurable esfuerzo que este partido está haciendo para que así sea del otro partido político a nivel estatal, Podemos (dentro del cual incluimos a la momia Izquierda Unida, y a su ancestral progenitor, el PCE). Se presentó como el nuevo modelo de partido político, como la nueva forma de hacer política, como la regeneración por antonomasia, y sin embargo, el nuevo partido en su poca vida ha envejecido a una velocidad vertiginosa, se ha convertido en el partido más tradicionalista del panorama, copiando las viejas formas de hacer política, las mismas corruptelas políticas,  y que al igual  que sus competidores, y por más que les pese a sus dirigentes actuales, deben hacer un proceso de regeneración, si quieren seguir existiendo.

¡Qué poco ha durado el que se presentó a los trabajadores, a la izquierda, como el mesías! Aquel que criticaba, que catalogarse como obreros, trabajadores, que las formas de organización obreras estaban caducas, que era del siglo pasado, que había nuevas formas y no nos habíamos enterado, que ellos iban a demostrarlo. Y sí lo han demostrado, han demostrado lo que ya dijimos sobre ellos: eran vende humos, eran un nuevo actor de los que mandan y dirigen el país para canalizar las protestas ciudadanas, para volver a encauzar al teatro electoral a todos aquellos que ya no creían en los partidos políticos y que iban encaminados a no creer en el parlamentarismo. Eso sí, hay que reconocerles que el objetivo por el cual crearon este partido lo cumplieron, hay que reconocerles que fueron la herramienta más eficaz de los poderosos, y que si así lo desean pueden morir en paz (RIP).

Todo ello no nos puede llevar nada más que a la misma conclusión, la regeneración política es una nueva actuación circense más de los políticos de nuestro país, es una nueva muestra de la inutilidad del parlamentarismo y de los partidos políticos existentes para intentar engañar una vez más a los trabajadores de nuestro país, para rogarles que crean una vez más en ello, que han cambiado y que a partir de ahora representaran sus intereses políticos, y no la de sus dueños, los multimillonarios y las grandes empresas.

Es hora de que los trabajadores entendamos que aunque cambien el collar al perro, que aunque los vistan de otra manera, el perro siempre defenderá a su dueño, siempre será el siervo de aquellos que los alimentan, que los enriquecen y les permiten vivir en los grandes lujos en los que viven. Que si los trabajadores queremos defender nuestros intereses, solo existe una manera, que nosotros hagamos la política, que nos organicemos, y que no nos dejemos embaucar por aquellos que sirven a aquellos que nos empobrecen y explotan día a día, de aquellos que son los directores de la obra teatral de la política española actual.

Rafael Herrero

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