El pasado 9 de marzo tras la manifestación del 8M, Día de la Mujer Trabajadora, Pedro Sánchez defendió en un acto del Partido Socialista en Valladolid la España feminista como “el hoy y el mañana del país” en contraposición a la España del “ayer”, que representó la manifestación en Colón.

Durante su intervención, mencionó a “las miles y miles de mujeres acompañadas de miles y miles de hombres” que se manifestaron el pasado viernes en varios puntos y ciudades del país. Ha sentenciado que quien apueste por un camino “en contra de las mujeres”, perderá las elecciones.

Aprovechó su intervención para cargar contra los partidos de derecha, PP y C’s en concreto, a los que dice, “no les gusta la igualdad”.  

“El problema de la derecha es que no les gustan las políticas sociales, esto es así, y nosotros queremos una España distinta y feminista, porque la España feminista tiene que ver con algo muy importante y es el concepto que tenemos de democracia. No puede haber democracia plena si hay algún tipo de población que sufre algún tipo de desigualdad”. Este fue uno de los fragmentos álgidos de su discurso, apelando a la lucha contra la desigualdad y señalando a la tríada derechista que es “peligroso” el “juego de palabras” que utilizan al ocultar la violencia machista como doméstica o intrafamiliar.

El discurso de Sánchez, en apariencia progresista y transformador, en realidad no es más que una estrategia oportunista y vacía que utiliza con fines electorales.

Habla de combatir la desigualdad que pueda sufrir cualquier tipo de ciudadano o colectivo, pero en la práctica sigue permitiendo desahucios, despidos generalizados e instrucciones de grandes empresas y fuerzas exteriores al Gobierno del país que van en contra de la gran mayoría de la ciudadanía, compuesta por los trabajadores.

Reivindicando una España feminista, lo único por lo que aboga es que las mujeres también puedan explotar con libertad a los trabajadores y recortar cada vez más sus derechos. No lucha por esas mujeres explotadas tanto en su puesto de trabajo como en el hogar, sino por un movimiento social en boga y que cree que le granjeará votos de la mayoría de la población.