Sólo en este año, caracterizado por los EREs, ha habido 5.000 empleos destruidos desde el sector bancario, que se suman a todas las salidas que se llevan produciendo desde el año 2008, y que han provocado que se haya despedido a más de un tercio de la plantilla.

Esta gran reducción del 35% de las plantillas se debe a las estrategias seguidas por las entidades financieras de cierre de oficinas, de eficiencia de costes y, principalmente, las fusiones que se han llevado a cabo entre ellas.

Lo que ha supuesto que se haya despedido a 97.000 trabajadores, una de las magnitudes más grandes entre los países europeos.

En concreto, España se sitúa tan sólo detrás de Países Bajos, con un 37% de recorte; Grecia, con un 40%; y Letonia, con un 47%. Además, los sindicatos advierten que esta situación está lejos de revertirse, ya que, en un contexto de baja rentabilidad y bajos intereses, los reguladores y los inversores están presionando a los bancos para que reduzcan los costes.

Además, el propio gobernador del Banco de España ha señalado que estos recortes de personal no han implicado que se haya mejorado la eficiencia, sino más bien todo lo contrario.

También ha añadido que las fusiones y la desaparición de entidades, se deben a los intereses de crear valor para los accionistas y no los dirigen los reguladores.

En concreto, las previsiones de próximas concentraciones señalan a Liberbank, la entidad asturiana que surgió de fusiones de cajas de ahorros y que negoció recientemente con Unicaja para una posible unión, que no se produjo pero que amenazó con recortes salariales de hasta el 8’75%.

Por otro lado, también se prevé el recorte de la plantilla del BBVA, que no se ha planteado como un ERE, sino a través de planes de bajas voluntarias y de prejubilaciones.