Leía esta mañana en la prensa que el número de millonarios no para de crecer y, de la misma forma, lo está haciendo el número de personas que no consigue cubrir sus necesidades más básicas aun teniendo un sueldo. Y es que resulta que, mientras el salario de los trabajadores crece de una forma lenta e irregular, los millonarios, empresarios en su gran mayoría, multiplican su dinero de forma prácticamente mágica; imitando la envidiable costumbre de aquel señor que multiplicaba los panes y los peces.

Si nos paramos a analizar la situación, quizá podamos entender cómo consiguen estos empresarios aumentar su riqueza de forma imparable, mientras el resto de los mortales solo nos dedicamos a sobrevivir como buenamente podemos. No se trata de que sean más inteligentes que el resto, ni más buenos, ni más comprensivos, no tiene nada que ver con el carácter que posean. Tampoco está relacionado, en su gran mayoría, con sus estudios ni su grado de formación en tal o cual materia. Muchísimo menos os penséis que pudiera ser porque trabajan o han trabajado más que el resto. Rotundamente no.

La realidad es que lo único que les convierte en seres superiores al resto, capaces de hacer y deshacer a su antojo es, por un lado, la herencia que papá les dejó (y que ya había recibido del abuelo) y, por otra parte, la explotación brutal a la que someten a sus trabajadores. Así consiguen su dinero, y son unas cantidades tan exageradas que les permite moverse por el mundo como si fueran amos y señores de éste, aun sin dar un palo al agua. Capitalismo señores, hace demasiado tiempo que esto es así y hace demasiado tiempo también que lo llevamos consintiendo.

Mientras tanto, al otro lado, currando como si no hubiera un mañana para no poder ni pagar lo básico, estamos el resto de mortales. Hartos de esta situación y sintiendo como cada día la paciencia se agota y las ganas de actuar son mayores… ¿Hasta cuándo continuaremos aguantando que se rían de nosotros? Según donde mires parece que aún hay gente a la que le queda mucha paciencia. Lo positivo es que, si miras hacia el otro lado, hay todo un mar de gente organizándose por acabar con este sinvivir. Esa es nuestra última esperanza.

Por Julia Picornell.