Los 574 siniestros con fallecidos registrados a lo largo de todo el año pasado, que suponen más de diez por semana, implican un aumento del 28,4% frente a los 447 de 2012 y 2013, lo que equivale a regresar a los niveles de 2010. Además, un año más, la siniestralidad laboral vuelve a superar el medio millón de siniestros y con tendencias al alza.

En los últimos días han sucdedido tres episodios registrados como accidente laboral: la muerte de un conductor de autobús urbano de Zaragoza tras ser obligado a conducir varios kilómetros aun habiendo avisado de que se encontraba indispuesto, también el fallecimiento de una limpiadora de la panificadora de Mercadona en Abrera (Barcelona) tras caerle encima varias toneladas de levadura -tuvo que pasar un día para que localizaran el cadáver- y, por útlimo, la muerte de una trabajadora de una empresa de cítricos de Fortuna (Murcia), quien murió decapitada por una máquina y cuyos compañeros furon obligados a continuar trabajando con normalidad.

“No se entiende que alguien pueda jugarse la vida en el trabajo”, señala Pedro J. Linares, responsable de Salud Laboral del sindicato CCOO. “ A veces priman otros intereses”, añade, “y se antepone la producción ante una situación de indisposición del trabajador hasta que se le puede sustituir”.

Además, Ruth Vallejo, decana de la Facultad de Ciencias Sociales y del Trabajo, denuncia que “con la excusa de la crisis ha habido una relajación enorme en materia de prevención de riesgos laborales”.

Cabe destacar que tras la salida de la crisis el panorama laboral presenta cotas de precariedad superiores a las previas y en el que la siniestralidad laboral ofrece un claro repunte cuyo inicio coincide con la reforma laboral del año 2012.

El transporte y el trabajo en almacenes, con 111, seguido de la construcción con 99, la industria manufacturera con 83, la agricultura con 75 y los talleres de automóviles con 61 son, de largo, los sectores con mayor mortalidad.