Tras esta última década, marcada por la crisis económica, el número de familias con ingresos inferiores al umbral de la pobreza no ha hecho más que aumentar, en especial en los países del sur de Europa como España. Esta diferencia entre los países de la Unión Europea se debe a la desigual redistribución de sus sistemas de prestaciones e impuestos.

En el caso de muchos países de la UE las políticas de austeridad económica se han asociado al aumento de la desigualdad de la renta disponible, en especial en la parte alta de la distribución. No obstante, en nuestro país el incremento de los ingresos públicos se ha llevado a cabo mediante el aumento de los impuestos de consumo y personales, en lugar de aplicarlo sobre los beneficios y ganancias de los grandes capitales.

A consecuencia de esto, la crisis ha impulsado el crecimiento de la desigualdad de renta y la disminución del poder adquisitivo de muchos hogares con ingresos bajos, a pesar de disponer de empleo. En concreto España se sitúa entre los países de la OCDE con un mayor crecimiento de la desigualdad, colocándose entre los 4 países con mayor índice de Gini (mide la desigualdad de ingresos en cada país) de la UE, solo por detrás de Bulgaria, Lituania y Letonia.

Todo ello a pesar de que desde el año 2015 se considera que se ha producido un periodo de crecimiento y que se ha reducido la tasa de desempleo. Sin embargo, el subempleo es el principal protagonista de este aumento, es decir, nos encontramos con que los trabajadores de muchos hogares están por debajo de un 20% de su potencial de trabajo, aumentando en un 4%, y los ocupados que viven en hogares en situación de pobreza han aumentado un 2%. ​