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Fuente: La Vanguardia

Según hemos podido saber a través de los datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística, en el segundo trimestre de este año el precio de las viviendas en España ha sufrido un aumento de un 2,6 % respecto al anterior trimestre, lo que supone la mayor subida desde el 2015. Estos datos no son más que el reflejo del ascenso general que tiene el precio de la vivienda en nuestro país desde años atrás, y que imposibilita la compra por parte de la población de un bien de primera necesidad.

Además, esta alza de precios hay que situarla en un contexto en el que los españoles son todavía más pobres que antes mientras que los ricos siguen aumentando sus beneficios, un reflejo más de que la crisis solo afecta a quienes no tienen nada más que su trabajo para sobrevivir. Ejemplo de ello son varios datos escalofriantes que desmontan la ‘prosperidad española’ que nos quieren hacer ver: segundo país europeo tras Rumanía con mayor tasa de trabajadores pobres entre los jóvenes (un 24 %); en 2015 un 28,6 % de los españoles estaba en riesgo de exclusión y pobreza o; 720 000 familias no tenían ninguna fuente de ingreso, ni servicio de ayuda por parte del Estado.

Mientras tanto, entre Amancio Ortega, su hija Sandra (Inditex) y Juan Roig (Mercadona) acumulan más riqueza que entre los 14,2 millones de españoles más pobres.

Quizás leyendo estos dos datos (el encarecimiento de los precios de las viviendas y la mayor pobreza de los españoles) se podría entender mejor porqué en España hay un total de 3,44 millones de viviendas vacías, lo que supone que el 13,7 % de las viviendas están deshabitadas. Pero va mucho más allá, ya que grandes grupos de inversión y entidades bancarias, aprovechan esta coyuntura para especular con el ladrillo, presionan a familias desesperadas para que abandonen sus hogares y éstos entren en el mercado de la compra-venta de pisos, el cual ya dio pasos de gigante con la burbuja inmobiliaria que explotó en 2008 y que parece volver a inflarse a cada día que pasa.

Esto evidencia una vez más como la clase trabajadora, que es la creadora de la riqueza de nuestro país, no puede ni comprar las cosas que ella misma produce, como puede ser en este caso la vivienda u otros tantos artículos necesarios para su subsistencia.