Ryanair es una aerolínea de bajo coste que lleva más de 30 años operando en el mercado. Sin embargo, se hizo mundialmente conocida durante la última crisis económica, ya que, debido a sus vuelos “tirados de precio”, suponía la forma más económica de viajar. A partir de ahí, su crecimiento parecía imparable. Sin embargo, actualmente, la compañía irlandesa parece estar atravesando su peor crisis debido a la conflictividad laboral que existe actualmente en su seno. De hecho, el pasado mes anunció el cierre de decenas de bases y el despido de cientos de trabajadores. Este hecho ha puesto en pie de guerra contra la compañía a pilotos y tripulantes de vuelo, que no le piensan permitir ni una humillación más al gigante irlandés.

Pero… ¿Qué está sucediendo en Ryanair? ¿Por qué parece que dicha aerolínea ha pasado bruscamente de ser la joven estrella de la industria a ir cuesta abajo y sin frenos? Según la propia compañía existen tres motivos que han hecho que Ryanair pierda valor en el mercado: los precios del carburante, el famoso Brexit y el retraso en la entrega de aviones Boeing 737 MAX. ¿Y cómo han decidido solucionar el problema desde Ryanair? Con la típica  baza que utilizan todas las empresas para reducir costes: despedir trabajadores. Más de 500, de hecho. Claro que sí. Así se arregla todo siempre. De esta forma, ellos pueden continuar forrándose y los trabajadores… Bueno eso, dirán, no es problema de Ryanair.

Hasta ahora, la aerolínea hacía dinero a base de ahorrar costes en todo lo que se le pudiera ocurrir a su excéntrico CEO, Michael O’Leary, quien llegó incluso a proponer a Boeing que los pasajeros fueran de pie durante el viaje. De esta forma, eliminando los asientos, se modificaría el peso de la aeronave y se ahorraría dinero en combustible. Además, quedaría espacio para un 20% más de clientes. A O’Leary se le hacían los ojos chiribitas sólo de pensarlo. Sin embargo, parece ser que el plan no fue aceptado por motivos de seguridad (¿qué raro, no?). Este ejemplo es más que suficiente para ver hasta qué punto le da igual a Ryanair la seguridad de los viajeros con tal de ahorrar costes y multiplicar sus beneficios. No creo yo que el señor O’Leary viajara de pie ni a la vuelta de la esquina. Me lo imagino en su jet privado hablando sobre su genial idea.

El tema es que, después del aumento de precios que ha sufrido el carburante, Ryanair redujo sus beneficios en el último ejercicio un 29%. Para sacar balones fuera, el cínico CEO de la empresa vaticinó la quiebra de otras aerolíneas de la competencia como Small Planet y Primera Air, pero no se atrevió a hacer pronósticos sobre su propia compañía, tratando así de evadir públicamente la crisis económica en la que se está sumiendo Ryanair. 

Lo que igual no esperaban O’Leary y compañía es que los trabajadores se alzaran contra la empresa de una forma tan decidida. Porque si ellos atacan, los trabajadores responden, y deben hacerlo con la misma contundencia con la que se han visto atacados. Por ello, ya han comenzado a sucederse las huelgas de trabajadores de esta compañía alrededor de Europa, y así continuarán. Porque son ellos quienes sacan adelante el trabajo, quienes crean la riqueza de la empresa. Sin ellos la compañía no habría llegado donde está. Sin ellos, O’Leary no sería nadie, ni tendría nada. Porque tienen claro que no abandonarán sin pelear y se enfrentarán a quien sea que quiera dejarles en la calle. Sea O’Leary o Pepito de los Palotes.

Por Julia Picornell.