Es bien conocido, especialmente en comunidades autónomas como Barcelona, Baleares o Valencia, el mantra aquel que dice: “Vivimos del turismo”. Pero así como pasa el tiempo y vamos conociendo en profundidad las consecuencias de este sector, comienzo a plantearme si esta rotunda afirmación es realmente cierta. 

¿Vivimos del turismo o más bien malvivimos de éste? Párense a pensarlo por un momento; el negocio del turismo es una máquina incesante de crear riqueza. Sin embargo, en el sueldo de los trabajadores no se reflejan esos enormes ingresos. Entonces, ¿Quién se apropia de todos los beneficios que crea el sector turístico? Los trabajadores no. 

España recibió el pasado año 2018 a 82, 5 millones de turistas, ni más ni menos, lo cual derivó en un gasto turístico de 90 mil millones de euros. Sí sí, así es, 90 mil millones; batiendo así el récord que supuso 2017 con más de 86 mil millones de euros de gasto turístico. Sin embargo, el sueldo de los trabajadores no ha aumentado al mismo ritmo (ni a uno parecido). Lo que sí ha aumentado es la temporalidad y la precariedad que ofrece el sector. 
Es en este punto donde surgen las dudas. ¿A manos de quién van a parar esos ingresos? ¿De verdad es el turismo el salvavidas de la economía española? ¿Cómo puede ser que los trabajadores, que son quienes crean la riqueza, no lo vean reflejado en su sueldo? 

Quieren hacernos creer que sin turismo la economía se hunde para que, de esta forma, los hoteleros y grandes empresarios que dominan el sector puedan seguir forrándose a nuestra costa, sin que opongamos resistencia. Estando calladitos. Quieren que estemos agradecidos por tener trabajo, por precario que sea, y que no nos quejemos de la explotación a la que nos someten.

El problema es que los trabajadores se lo permitimos, y así vamos.

Por Julia Picornell.