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Fuente: Leopolis News

Hace escasos días que el presidente del ejecutivo de la Unión Europea, Jean Paul Juncker, afirmó que las fronteras de los países miembros de la UE serían reforzados con 10.000 efectivos más. Un total de 20.000 policías que harán crecer la Guardia Europea de Fronteras y Costas.

La tarea de esta policía será la de acelerar la expulsión de aquellos inmigrantes cuyas solicitudes de asilo sean rechazadas, a la vez que facilitarán la entrada de inmigrantes “cualificados”.

Según el presidente Juncker, se expulsa sólo al 36% de los inmigrantes, un índice muy bajo. Las expulsiones deben acelerarse e intensificar los retornos, según sus palabras.

Jean Paul Juncker deja clara cuál es la política de los estados miembros respecto a la apertura de fronteras. Mientras el parlamento hace el paripé con Hungría criticando su política migratoria, el propio ejecutivo de la UE destina más dinero a fortalecer fronteras y armar policías.

Juncker, cristiano demócrata, ex primer ministro y ministro de finanzas de Luxemburgo, que fue acusado de facilitar la exportación de capitales a su país para facilitar la evasión fiscal, es un claro exponente de la verdadera cara de la Unión Europea y su política de fronteras.

La UE no quiere frenar el flujo migratorio generado por el expolio y las guerras, sino que esa migración sea controlada y gestionada por ellos y que decidan quién entra y bajo qué condiciones.

Casi 705.000 personas solicitaron asilo en la UE en 2017. De estas, 32.000 lo hicieron en España, de las cuales más del 30% eran venezolanas. La Unión no quiere frenar la inmigración, quiere que ésta sea a la carta y que supla las necesidades de mano de obra barata y poco cualificada. A la vez, se encargará de seguir desestabilizando la soberanía de países, medrar su economía y someterla a los intereses del imperialismo de EEUU y su filial europea.