A pesar de las grandes infraestructuras y los eventos que desde principios del siglo XX pretenden proyectar una imagen de zona próspera y provista de recursos, el territorio valenciano ha mostrado desde la crisis una escena de corrupción y desigualdad que se manifiesta en la cronificación de la pobreza. 

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), a través de la encuesta sobre Condiciones de Vida, en el año 2018 un 30’2% de los valencianos se encontraba en riesgo de pobreza o exclusión social. En concreto, en términos relativos, ese porcentaje de personas en riesgo de exclusión se sitúa en un 26%, respecto al porcentaje estatal que se encuentra en un 21’5%. 

Si lo complementamos con los datos del Institut Valencià d’Estadística (IVE) vemos que los ingresos medios por persona son de 10.232 euros anuales, significativamente inferiores de otros como los del País Vasco (14.722) o Cataluña (13.338). Además, respecto al 10,4% de hogares en España que declararon tener mucha dificultad para llegar a final de mes, los hogares valencianos se sitúan en un 21’4%. Así mismo, el 36’1% no puede permitirse ir de vacaciones y el 40’2% no puede afrontar gastos imprevistos que puedan producirse en su vivienda.

Todo ello frente a un modelo que concentra el 13% de su PIB en el sector del turismo, el cual se configura como una fuente de graves costes sociales y medioambientales, ya que dicha actividad se encuentra fuertemente externalizada, con lo que genera bajos salarios, contratos precarios, una fuerte estacionalización y es, incluso, potenciadora de la economía sumergida. Un ejemplo claro de ello es que La Marina Alta, aparece como la comarca con la mayor tasa de pobreza del País Valenciano y en la cual perciben una menor renta media, según los datos del IVE. 

Fuente: Público