El exministro de trabajo del PP de 2002 hasta 2004, Eduardo Zaplana, cobró al menos 1,65  millones de euros de la multinacional Telefónica. El mes pasado fue detenido y se le acusa de delitos de blanqueo de capitales, prevaricación y malversación de caudales públicos.

El motivo por el que Telefónica proporcionó tan generosas donaciones a Zaplana no fue la caridad ni la amistad. Mientras era presidente de la Comunidad Valenciana (1995-2002), adjudicó contratos públicos a la empresa, así como a empresas afines a la multinacional.

Entre 2012 y 2018 la multinacional hizo 65 ingresos en la cuenta que oscilan entre 14.310 y 77.162 euros. Los “sueldos” por los servicios prestados a la empresa han durado hasta que Zaplana ha sido detenido. Acto seguido, Telefónica le suspende de su cargo en el equipo de Asuntos Públicos de la empresa, a la que se incorporó en 2008, tras abandonar la política. Desde 2012 hasta mayo de 2018 fue adjunto al secretario general de la multinacional y en 2008 fundó una empresa de asesoramiento.

Algo parecido a lo sucedido con Telefónica ocurrió con la consultora Logista y también con la consultoría Decuria, de las que recibió 255.260 y 60.000 euros respectivamente.

Políticos de altos cargos corruptos, que trabajan para el beneficio de las grandes multinacionales, recibiendo, a cambio de sus servicios, altos cargos y dietas que un obrero normal necesitaría una vida para producir. Pero claro, los obreros producen su salario y otros chupan del bote. El pan de cada día del capitalismo, cada vez son más los casos de altos cargos políticos que acaban en grandes empresas, conocidos como “puertas giratorias”.

Claro ejemplo de quien ostenta el poder en el capitalismo, los grandes empresarios, los grandes banqueros. Los cabezas de turco como Zaplana podrán ir a la cárcel un breve periodo de tiempo, pero los verdaderos responsables, los que mueven los hilos, quedan impunes, se limpian las manos.